Dualidad: La academia como salvadora

 

 

Sentarse en la silla a conversar, a teclear o abrir suavemente el cuaderno con las hojas cortadas y con papeles llenos de notas para anotar algo nuevo, es el día a día de la facultad; una que se nutre de las caras nuevas, que se regenera en lo contemporáneo, pero que guarda con recelo la vista del pasado y la importancia que tiene. Es la academia el hogar, el refugio y la meca de los saberes y los tesoros, pero también de los dolores y las heridas escondidas en los pasillos o los rincones de las secciones bibliotecarias.

 

La academia es la redención a una vida que es vacía por inercia propia, que es nula si no hay un porqué que la mueva, que explota cuando ve algo nuevo que descubrir; es esta el hotel donde se encuentran las disciplinas de aquellos que vieron el mundo con otros ojos y saliendo de la habitación, como Hayden White quiso que fuera.

 

Salvar es sinónimo de rescatar, una salida desde la oscuridad en la que se está inmerso todo el tiempo: sin ser, sin estar, sin guiar y sin poder escapar, solo refugiarse en la sombra de los grandes textos y lograr repetir las obras de ilustres personajes y pensarse algún día así, veraz y valiente ante el descontento social; este es el fin de la academia, pero que va dañando a su paso lo que realmente se quiere llegar a ser, ese fin que va de la mano con esa otredad oculta entre las paredes del cuarto o las canciones que hacen más efecto que recitar a Maquiavelo. Es ahí donde la Dualidad está a la vista: ella es un nocivo coctel de experticia y mareos sociales, de críticas y pérdidas, de ver qué gusta y qué no, y para finalizar, es la cura a los dolores que no tienen voz pero que quedan ahí, anaquelados entre los textos y guardados sin ver la luz mientras se aproxima la otra clase que va a dar como fin más líos mentales que en los que se está.

 

Dualidad de ver que es un arma sin filo, pero que duele más que las navajas; y también es un espacio en donde no se puede esconder lo que no sale a la luz, lo que es implícito ante los ojos.

 

 

 

 

 

 

 

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