Hablar desde la hipocresía y otras maneras de revictimización.

April 27, 2020

No se salvó a la hija.

No se pudo evitar el horror de la carnicería,

el pánico de la muerte.

Ahora, solamente es posible rescatarla del sol,

privarla de la corona negra de los buitres,

de las lágrimas nocturnas del desierto...

¿Es eso un alivio? (...)

¿Pero creéis de verdad que eso es un alivio?

Los sables se ensartan en el baúl pintado

paralizando sangre,

enfriando células,

abriendo caminos a la podredumbre.

Levantando la veda a la carroña.

 

(Ana Rossetti) Halladas.

 

 

Cuáles masculinidades en reflexión?

 

El texto de Mateo Rico ha suscitado un millón de cuestiones en mí que trataré de elaborar a continuación. Ojalá esto no mereciera mi tiempo, pero cuando algo mueve las entrañas, definitivamente reaviva una necesidad de discusión y debate. Y mueve mis entrañas desde distintas profundidades, pues debo enunciarme en este momento como compañera, hermana, amiga, hija, y mujer. La violencia basada en género no es un juego ni una batuta epistemológica que podamos usar para sentirnos mejor con nosotres mismes.

 

Lo primero es cuestionar profundamente la editorial de la revista. La intención de abrir el debate siempre es plausible y quizás si no fuera por eso no estaría escribiendo estas líneas. Pero el permitir un espacio de enunciación como el del sujeto Mateo Rico pasa por un proceso de violencia simbólica para quienes han sido sus víctimas. Pasa por privilegiar un espacio de autoreparación de un sujeto que no ha profundizado sobre las cuestiones que lo hacen violento. Pasan por una manipulación desde lo escrito para reconocerse victimario, pero víctima de un sistema machista, que lejos de ser falso, abre el espacio para lavarse las manos sobre una cuestión que no ha sucedido y es la reparación a las víctimas.

 

La revista debe ser un espacio abierto de conversación. Pero la conversación que pretende comenzar Rico habla desde un punto de inflexión y es que mientras sigamos sumergides en un sistema patriarcal machista, van a seguir existiendo sujetos como él, quienes no pueden salir de esa caja. Me pregunto entonces si consideran que esa horizontalidad pasa entonces a todos los hombres, ¿que ser hombre es igual a ser violento? Porque yo creo que no, y homogeneizarse bajo la enunciación de Mateo solo abre disgustos frente al manejo del filtro editorial de esta revista. Aprecio mucho a quienes forman parte del equipo editorial y sé que el lugar de Mateo no es el mismo de ustedes, por eso se debe tener cuidado con quienes publicamos. No voy a enseñarles a hacer lo que ustedes conocen mejor que yo, pero el ponerse como trinchera de un ser profundamente violento parece ser un punto difícil que han tomado.

 

Ahora bien y pasando al texto en cuestión. Cuando hablamos de violencia(s) en nuestros entornos tendemos a entendernos como parte integral de las víctimas, pero nunca de los victimaries. Hacer el “intento” de reconocerse victimarie normalmente pasa por un proceso profundo, doloroso y reconstructivo de tantas cosas que se hallan rotas dentro de nosotres. Pero estos procesos pasan por un quiebre completo del qué o quién somos. El reconocerse victimario, en este caso, no implica valor por ninguna medida. Por el contrario implica humildad profunda y sincera, no hablar vacíamente de bajar la cabeza y aceptar las recriminaciones y consecuencias. La humildad pasa por el primer paso de decir “hice algo mal” y pasar de ahí a tomar acciones reales de reparación. Las palabras, después de que uno ha sido un mentiroso patológico, no valen nada.

 

Hablar de las implicaciones de un sistema machista no es, de ninguna manera, descubrir el agua tibia, ni la explicación a la decisión consciente de abusar de una persona, de violentar sus límites reiteradas veces bajo el cobijo del consumo de sustancias. Es echar en cara que supuestamente manejamos una terminología con la que podemos conversar con las mujeres de nuestro entorno. “Con sinceridad y deconstrucción” como si de una burla mediática se tratara.

 

Hablar de reflexiones vacías en un espacio de tiempo claramente hinchado por la vena de reconstruir un nombre que siempre fue inexistente. Recuerdo hace pocos meses cuando nos llevaron a la que era, para mi pesar, su fiesta de graduación, y el arrepentimiento “sincero” que se expresa en el texto, en ese momento no aparecía por ningún lado. “Me doy en la jeta con cualquiera” salió de tu boca intoxicada de nuevo con sustancias después de que te señalaron como lo que eres, un abusador violento. Y entre palabras soeces y cuerpos abalanzados dispuestos para pelear, demostraste la tan profunda “reflexión” que en el texto resaltas. La deconstrucción es solo un adorno apropiado para el texto, no te sientas deconstruído. Tu masculinidad sigue siendo tóxica.

 

Con las denuncias públicas sí pasan cosas, cosas malas en su mayoría, como ser amenazada por tu abusador y verte obligada a un escrache público que revictimiza de infinitas maneras, el escrache que un abusador violento como tú sí se merece. Las denuncias públicas sirven para una presión que se da en determinado momento y que parece la gente olvidar con el tiempo. Pero yo no me olvido de lo que ha sucedido, de ver a mujeres fuertes quebradas por tu masculinidad, no tan deconstruída realmente.

 

Debo decir en conversación con otres lectores asqueades por el cinismo del texto, que el mansplaining está de más. La “cultura de poder”, el “patriarcado” y demás términos suenan vacíos en tu boca. No nos interesa que te enuncies parte del movimiento feminista, que pretendas usar banderas que son nuestras para hablar de tu supuesta masculinidad transformada y reflexionada. No utilices, ni intentes explicarnos desde tu paz cómo funciona la violencia que nosotres hemos sufrido históricamente por personas como tú.

 

El cinismo de reconocerte un “hombre machista” (sin hablar de la redundancia que eso significa) reconociendo violencias en tus marcos relacionales como algo difícil de aceptar no te hace quedar bien de ninguna manera. Re-escribir esa imagen no es posible después de un año de supuesta reflexión, sobre todo cuando no se han tomado las acciones reales sobre la cuestión del machismo que supuestamente estás deconstruyendo. Si tu cuerpo se ha visto supuestamente transgredido por esto, imagínate quienes sienten tus manos impresas en lugares donde nunca debiste tener acceso. Imagina los cuerpos violentados por tu cuerpo. Eres y siempre serás quien las violentó. No hay forma de que dejes de ser el victimario que fuiste esa noche en sus sentires. Y el cinismo de tu texto de reflexionar entorno a una masculinidad violenta que asegura “la no repetición, lo cual implica que no se tenga que vivir con miedo al ataque, no de mi parte” solo hace peor la cuestión. Contigo siempre va a existir la duda sobre la posibilidad de un ataque, siempre te vas a ver como un abusador violento, un acosador. Siempre está la posibilidad de que te den ganas de darte en la jeta intoxicado, como la mayoría de nosotres conoce tu personaje.

 

El reconocimiento no es reparación. Y el reconocimiento desde tu posición como violentador no es necesario, nos tenemos nosotres, desde la sororidad y la contención con cariño de las heridas que personas como tú hacen en nuestras corporalidades. El enunciarse desde lo que supuestamente eres no busca más que un intento de simpatía con el hijo de madre soltera y con el trabajador de comunidades que eres. La simpatía no te toca, el escrito manipulador y profundamente vacío que expones lo demuestra mejor que cualquiera de los argumentos.

 

Las violencias basadas en género no son una bandera que puedas izar a disposición de lo que se te antoja. No pueden en definitiva ser la bandera que levantes a modo de reflexión de tu violencia, no merece ser enunciada por una boca violenta e hipócrita como la que escribe ese texto. La misma boca que dice “me doy en la jeta con cualquiera” para defender lo indefendible. Las violencias basadas en género merecen cariño y profundidad real en su trato, merecen pensar más allá de la “horizontalidad entre hombres y mujeres” que propones, más allá del marco relacional de los cuerpos. Las violencias basadas en género se deben trabajar desde lugares coherentes y pensados. No desde el privilegio de un hombre, blanco, cis, de universidad privada y violento como eres tú.

 

Les falses aliades están en todos lados, ojalá todos se enunciaran desde las supuestas transformaciones de las masculinidades como tú para identificarlos claramente y sacarlos de nuestras líneas. Reitero que no hace falta que nos señales las condiciones históricas de violencias basadas en género que ya conocemos, que en tu boca solo deslegitiman nuestro actuar porque tú encuentres en nuestras lucha el espacio para redimir un nombre. Y que la hipocresía y lo falso es lo más rescatable de tu texto.

 

Yo, quien lo escribe:

 

Camila Alejandra Angulo Martínez

Estudiante de 9no semestre de Antropología

 

 

Acompañantes en el sentir:

  1. Fernanda Zambrano

  2. Alejandra Cárdenas

  3. Juliana Juliao

  4. Valentina Rossi

  5. Laura Herrera

  6. Laura Fandiño

  7. Camila Niño

  8. Isabella Henao

  9. Angélica Norato

  10. Maria Paula Ramírez

  11. Sofía Jiménez

  12. Camila Reyes

  13. Saray Galvis

  14. Lizeth Buitrago

  15. María Fernanda Sánchez

  16. Angie Katalina Franco

  17. Maria Paulina Sandoval

  18. Sol Angie Mantilla

  19. Silvana Bermúdez

  20. Jackelyn Manuela Mateus

  21. Daniela Ziadé

  22. Dana Camila Corredor

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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