(J)ODAS A LA CIUDAD

 

Al parecer la sociedad nos da todo.

 

Al parecer la sociedad nos quita todo.

 

Al parecer el ser humano viene con...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿O es acaso la ciudad quien nos quita y nos da?

 

  •    

 

Siempre me sedujo el camino. Un día salí a caminar y nunca volví. Quise retornar, pero no encontré el camino. Ahora yo hacía el camino. Es decir, ya no había camino y me perdí en la orbe. En la urbe. Allí creando camino y creyendo que ya no camino. Que solo estoy, sin lugar ni dirección. Sin camino.

 

  •  

 

Salí a deambular y nada me faltaba. La seguridad me la daba yo en todo sentido. El calor, los recuerdos que no se callan y el cigarrillo, junto con la compañía de la ciudad. Caos que reconforta y asusta.

 

 

Estamos alienados, aunque esto ya no se refiere sólo al empleo. Ni siquiera se refiere al trabajo. Mucho menos se relaciona sólo con la fábrica y la industria. El sudor, el agotamiento, los ambientes hostiles y el humo. Ahora esto se refleja en algo impecable: en nuestro imaginario, esto se ha visto como algo tranquilo y estable. Tiene un ambiente instantáneo. Es decir, formas, tecnologías, por las cuales nos comunicamos.

 

Nos han hiper-individualizado, nos han abstraído totalmente de nuestra realidad material. Y, por ende, estamos desprendidos, casi totalmente de nuestra relación directa con un territorio material.

 

  •  

 

No se te ocurra cruzar dirección con nadie, ni atravesártele a nadie, ni mirar demasiado a nadie. No se te ocurra, habitar en ningún lugar.

 

No se te ocurra, casi, vivir de verdad en la ciudad.

 

  •  

 

Caminante, la sociedad en realidad no dejo camino. Caminante, tú debes descubrir el camino solo. Así estés rodeado por un millar de personas.

 

El tiempo nos llevó a Babel y cada vez subimos más la torre. Pero esta vez quien nos dejará sin comunicación no será Dios. Ya no hay Dios en esta tierra. Dios se ha ido.

 

Nuestro Dios, es la tecnología, la información, la ciudad global e interconectada, que deja al campo y al campesino dependiente de la ciudad, y por las lógicas modernas, insostenible. Causa de otra consecuencia de estas lógicas: la migración, que se refleja en los territorios con sus propias costumbres y tradiciones, con su propia cultura, con su propio arraigo territorial.

 

El Dios es el caos de aquellas interacciones individuales e inter-personales que se realizan a cada instante.

 

  •  

 

No entiendo a la loca, de Bogotá.

 

Cuando creí ya por fin haberle cogido el tiro a esta ciudad. Cuando creí entender cómo funciona, su forma natural y dinámica en la que se funciona en cuerpo de caos; cuando vi su entropía, inclusive cuando creí entender su clima, que resulta fisiológicamente enfermizo. Entonces, me di cuenta de una característica paradójica, casi absurdamente rara:

 

Cuando se busca que Bogotá esté en calma, que sus actividades cesen; ésta entra más en desequilibrio. Más aún, cuando se busca que esté activa, así mismo, está más alterada. Esto lo digo desde mi vivencia personal en Bogotá. De lo que viví en los recientes paros impulsados por los movimientos sociales en pro de numerosos derechos y, por demás, las problemáticas coyunturales, no solo de la ciudad, sino también del país.

 

Tal vez, aunque si, Bogotá es una ciudad, una ciudad capital, inclusive, si se quiere, una ciudad global. Bogotá es una ciudad latinoamericana. Es decir, una ciudad que se encuentra dentro de un país como otros. Un país de esos, la mayoría mal denominados, en vía de desarrollo. Uno de esos países, en donde, en numerosas ocasiones, el pueblo ha tenido que "revotársele" al Estado para que le paren bolas. Un Estado injusto y hasta cínico que se burla constante y descaradamente del pueblo.

 

Entonces, tal vez, sí pueda entender a Bogotá desde esta característica paradójica. Ese carácter rebelde y de resistencia que resulta lamentablemente necesario, lo que podría explicarla.

 

 

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