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La revista El Marginal está bajo la dirección de los estudiantes de Sociología de  la Universidad Externado de Colombia. La universidad no tiene ninguna responsabilidad por los contenidos aquí publicados. 

Crónica de una tesis parchada

November 11, 2019

 

El habitar en la ciudad es una de las razones por las que un joven que ha patinado los lugares en donde han transcurrido sus días encuentra sentido a estudiar ciencias sociales y pensarse desde el rol del investigador. Bogotá es un escenario concreto donde se construye mi diario vivir y por el que cada salida fuera de ella me hace pensar en sus particularidades como ciudad capital.

 

En esa inmensidad de dinámicas urbanas veo que coexisten las historias de quienes en ella habitan. Me pregunto ¿cómo se relaciona la gente con la ciudad? y en esa diversidad de respuestas se me hace necesario pensar en sujetos concretos. La pregunta que empieza a rondar en mi cabeza hace referencia a ¿cómo habitan los jóvenes la ciudad? y, entonces, cuando tengo claro que me interesan la ciudad y la juventud, se me hace posible pensar en relaciones concretas que puedan ser vistas desde la ciudadanía, y me pregunto ¿existe una forma de ciudadanía particularmente juvenil?

 

Los jóvenes habitan la ciudad en diversos escenarios, desde distintas prioridades y distintos contextos. En ese mar de historias, pienso que puedo tejer tantos hilos sueltos que vuelan en mi cabeza desde el movimiento Hip Hop. Al hacerlo, empiezan a volverse concretos los sujetos, sus espacios y sus tiempos, y me doy cuenta que me interesa la experiencia del “parchar” en la ciudad. ¿De qué forma se relacionan los jóvenes con la ciudad?, ¿es la ciudadanía una forma desde la cual pensar al Hip Hop? Cuando aterrizo del viaje de preguntas que abundan en mi cabeza, y para poder cumplir con los periodos académicos, aparece la clara intención de hacer una tesis para graduarme de sociología que aporte a entender relaciones de los jóvenes con la ciudad.

 

Bajo esta lógica, se me hace necesario “visitar al señor libro y al señor calle” como lo dice Nach en sus canciones. Nutrirme de ambos para llegar a describir la vida de los jóvenes en la ciudad desde un movimiento foráneo como el Hip Hop, con sus particularidades y sus dinámicas. Porque no pienso que se trate de entender los jóvenes a través del Hip Hop, como si este movimiento fuera un instrumento.

 

Cuando empiezo el diálogo con mis amigos que hacen parte del movimiento, que lo viven y se identifican con él, nace la chispa de esta investigación. Se hace evidente para mí una lucha por entender el Hip Hop dentro de una estructura urbana particular como Bogotá, con sus apoyos, sus censuras, sus anhelos, sus frustraciones, sus expectativas y su postura frente a la ciudad. Pero, también, se me hace necesario salir de mi zona de confort, del diálogo con mis amigos, de la pasión y los deseos subjetivos, y pasar a la oportunidad de acercarme a diferentes historias, a diferentes parches que se apropian la ciudad. A la par, se me hace necesario el encuentro y desencuentro con la literatura, de lo que nacieron discusiones tejidas en colectivo que nutrieron las actividades desarrolladas en lo práctico.

 

Días y noches fueron atravesados por el Hip Hop, ese movimiento cuyos cimientos, según la historia, se tejen en la ciudad de Nueva York en los años 60 y 70. Condiciones particulares de este tiempo y espacio abrieron la puerta a la inspiración personal y al encuentro colectivo a través de la música, las tornamesas el baile y la pintura. 

 

A través de los elementos que dieron vida al Hip Hop como movimiento, en aquel entonces fue posible narrar las dinámicas de segregación que hacían parte de la ciudad, hablar de las transformaciones que en ella sucedían, expresar inconformidades frente al estado, frente al capitalismo, frente a institucionalidad. Una época concreta de la historia, en una ciudad donde habitaban inmigrantes jamaiquinos, dominicanos, puertorriqueño, por lo que el contexto de Nueva York y sus dinámicas aportaron a la consolidación del movimiento. Su desarrollo se impregnó de los días en los barrios donde habitaba, y con el pasar del tiempo y bajo las lógicas de consumo en un mundo globalizado, se hizo posible que el Hip Hop viajara y se hiciera visible en diferentes latitudes. 

 

A partir de este viaje a Colombia llegan los diferentes elementos del Hip Hop por diferentes vías sobre los años 90. Estos elementos hacen parte del habitar de los jóvenes en la ciudad, porque el Hip Hop se construye y deconstruye constantemente a través de las dinámicas del contexto, de las necesidades y anhelos de quienes habitan la ciudad.

 

La acogida del Hip Hop en Colombia, así como sus transformaciones y particularidades, me hacen posible pensar que los jóvenes y su habitar la ciudad están marcados por la intención de manifestarse frente a lo que conocieron por diferentes vías: la familia, la escuela, la calle, y hacer visible su postura frente a ello. Porque con el Hip Hop se construyen y expresan los sentidos desde los cuales se habita ciudad. Al rastrear las historias de los jóvenes y de los parches en Bogotá, el Hip Hop es mucho más que la música, la pintura, las tornamesas o el baile. Como la ciudad es el lugar donde se hace visible, donde el Hip Hop se materializa y se expresa, entonces la ciudad también se construye y deconstruye con él. 

 

Cada frase y cada segundo del trabajo de campo me trae preguntas sobre la ciudad. Sin embargo, no tengo intención de darles respuesta. No pienso que se trate de una cuestión de verdades, de seguridades o mentiras, porque una tesis “parchada” se puede construir en contacto con las personas que la nutren, con sus deseos y experiencias.  

 

Sin embargo, al pensar el Hip Hop dentro de los marcos de la ciudad, aparecen las instituciones y “la gestión” como protagonistas del cómo se piensa la ciudad. Entonces, ¿cómo se piensa la ciudad desde la institucionalidad? y ¿cómo la habitan los jóvenes?

 

A partir del diálogo con gestores y de un seguimiento a las propuestas institucionales para con el Hip Hop, me nace la sospecha por esa idea de “Juventud”. Una sospecha que me lleva a diferentes preguntas: ¿Existen unos marcos de acción para la juventud?, ¿cómo pensar la juventud más allá de un rango etario?, ¿qué ofrece la ciudad para la juventud?, ¿cómo ha sido el diálogo del Hip Hop con la ciudad y sus marcos institucionales? He encontrado que en los sectores institucionales del distrito se piensan a la juventud y construyen política pública de juventud, pero ¿cuál es la lógica de hacer esta política pública?, ¿en qué términos se están pensando los jóvenes?, ¿por qué se han pensado los jóvenes en términos de violencia y empleo?

 

Al entender las transformaciones del Hip Hop en Bogotá, se me hace evidente una relación entre las formas de vivir la ciudad que tienen los jóvenes y la visión institucional. No en vano en Bogotá encontramos “Hip Hop al parque”, el festival de Hip Hop más grande de Latinoamérica. No en vano encontramos gerencias de juventud en el IDPAC. En estas relaciones busco escribir “una tesis parchada” que nace parchando, dialogando, cuestionando, leyendo…

 

La ciudad y el Hip Hop se usan y se alimentan mutuamente desde la cotidianidad. Existe una línea muy delgada entre la prohibición y el apoyo que se marca según los intereses de cada uno. Algunos y algunas de las y los jóvenes que entrevisté se relacionan con la institución cuando les conviene; otras y otros, defienden la autogestión como forma de producción. De igual forma, las instituciones como el IDPAC y otras instituciones plantean prácticas de graffiti responsable. 

 

Por eso, ante la complejidad de la realidad social se me hace incoherente que una tesis parchada juzgue o critique estas relaciones. Mi interés es describirlas desde la estructura urbana; evidenciar que la vida en la ciudad tiene particularidades propias de lo urbano; propias, también, de una lógica económica y social capitalista. Así, pienso que si esta investigación termina a raíz de los periodos académicos no se agota ni se responde. Se describe, se dialoga, se cuestiona, se construye en colectivo…

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