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La revista El Marginal está bajo la dirección de los estudiantes de Sociología de  la Universidad Externado de Colombia. La universidad no tiene ninguna responsabilidad por los contenidos aquí publicados. 

El cine en Bogotá: relación entre el crecimiento urbano y el fortalecimiento de la industria del cine en la capital.

 

 

La llegada del cine a la ciudad de Bogotá fue una de las muchas propuestas y avances del proyecto modernizador que atravesaba el país en la primera mitad del siglo XX. A la vez, su posterior crecimiento y desarrollo como industria, fue de la mano con las dinámicas de crecimiento urbano y poblacional de la ciudad.

 

La reflexión que se presenta en este espacio tiene como finalidad explorar dos dimensiones de la relación cine y ciudad, por un lado, lo referente a la espacialidad y las cuestiones de infraestructura y, por el otro, la cuestión de la significación y apropiación por parte de los sujetos en relación con los espacios de proyección.

 

Cine, infraestructura y ciudad:

 

El primer punto por resaltar con respecto a la infraestructura es su variedad y como esta dependía del sector de la ciudad donde se desarrollaba la actividad de proyección. El enorme contraste entre el centro y la periferia, la ciudad formalizada y los emergentes cúmulos de sectores informales, era más que evidente.

 

El centro de la ciudad (epicentro de una enorme porción de la actividad política, económica y social en la primera mitad del siglo XX) recibió grandes edificaciones, con arquitecturas que evocan elementos europeos, basados en el estilo art Nouveau y el art Decó. Además de esto, eran grandes teatros en los cuales se podían llevar acabo otras actividades escénicas y culturales, lo cual lógicamente, lo hacía un espacio pensado más para las elites, que para el público general. Se debe recordar que en esta época las barreras de lo culto y lo popular eran más que evidentes.

En contraste, los espacios de proyección, que se encontraban en otros puntos de la ciudad, en especial en las periferias, destacaron por su total ausencia. Esta actividad se llevaba a cabo en sitios con diferentes propósitos como plazas, iglesias, salones comunales, etc.  

 

Esta diferenciación fue lentamente desapareciendo en el transcurso del siglo XX. El crecimiento de la ciudad, las múltiples (pero no del todo efectivas) medidas para la planeación de una Bogotá más organizada, el crecimiento de la ciudad y el aumento en la población, modificó la manera en la que la industria de cine funcionaba en la capital y demostró su potencial como actividad recreativa de consumo masivo.

 

Con las nuevas configuraciones urbanas que tuvieron lugar en Bogotá a lo largo del siglo XX (expansión hacia el norte y sur) y las nuevas formas de urbanización, tales como los conjuntos de apartamentos y enormes edificios verticales de vivienda, la densidad poblacional en sectores cada vez más pequeños fue mucho mayor. Esto llevó a la creación de nuevos espacios, donde se concentraba la actividad de comercio y ocio, como los centros comerciales.

Con la creación de estos nuevos centros comerciales, se dio inicio a la construcción de las multi-pantallas de cine, que abandonando los viejos teatro del centro y formalizando poco a poco la actividad en el resto de la ciudad, edificaron espacios exclusivos para la proyección de filmes, modelo que se mantiene hasta el día de hoy.

 

Como se puede ver, los fenómenos de expansión de la ciudad y de los espacios de proyección se desarrollaron simultáneamente:

 

 

 

Esta dinámica de expansión de las salas de cine a toda la ciudad tuvo como consecuencia, la eliminación del centro histórico como único nodo cultural y de consumo fílmico. Su presencia en toda la capital (tanto en el sur como en el norte) facilitó el acceso a este tipo de entretenimiento a toda la población, eliminando en cierto sentido la exclusividad que denotaban los grandes teatros que marcaron los inicios del cine en Bogotá.

 

Esto se ve reflejado de manera especial en la arquitectura: mientras en la primera mitad, la diferenciación entre los espacios de proyección del centro (teatros europeos) y de la periferia (espacios adaptados) eran muy notorias, con las nuevas salas multi-pantalla se logró de cierta manera una homogeneidad en su arquitectura, sin importar el sector en donde estos estuvieran edificados.

 

Apropiación del espacio, cine y cultura:

 

La evolución de la infraestructura y la localización de los espacios encargados de la proyección permitió y configuró apropiaciones del espacio en Bogotá, otorgando a ciertos sectores una significación importante respecto a su importancia cultural.

 

La más evidente, es la configuración del centro de Bogotá como el epicentro de la producción y consumo cultural de la capital (con una mayor notoriedad en la primera mitad del siglo XX), percepción que se mantiene hasta el día de hoy. Además de tener la mayor parte de museos, galerías de arte y de patrimonio histórico, cuenta con una amplia variedad de salas, que a diferencia de gran parte de las que se encuentran en otros sectores de la ciudad, tienden a proyectar cine independiente, películas clásicas y cine de culto, cuyo valor intelectual difiere del cine de consumo masivo.

 

De la misma manera, en la segunda mitad del siglo XX, con la alta concentración de distintos cinemas en torno a la localidad de Chapinero, este logra volverse un segundo referente de la experiencia cultural en la ciudad. Esta cuestión se hace evidente, de nuevo, en el tipo de contenidos que emiten las salas de estas zonas en comparación con el resto, como por ejemplo, las temporadas culturales que Cine Colombia lleva a cabo y que trae a sus pantallas óperas, ballets y obras de teatro extranjeras, producciones que tienden a ser relacionadas siempre con la noción de “alta cultura”.

 

Cabe resaltar que, aunque Cine Colombia tiene presencia en todos los sectores de Bogotá, es solo en las salas ubicadas en Chapinero y el norte de la ciudad que se expone este tipo de contenido (exceptuando la sala de Gran Estación).

Estas distinciones de contenido sectorizado en Bogotá pueden ser problemáticas y traen a discusión varias cuestiones que, a primera mano, parecían desaparecer con la expansión y presencia de los cinemas de una manera más o menos uniforme en toda la ciudad, cuestiones que se mencionarán brevemente a manera de conclusión, ya que estas requieren de una exploración mucho más rigurosa para su respuesta.

 

Por un lado, esta sectorización es una cuestión paradójica. Aunque su limitada proyección en cines de zonas asociadas con los estratos más altos de la ciudad puede en apariencia mostrarse como una sectorización segregadora, los precios de dichas funciones hacen que estos eventos -que antes eran exclusivos- lleguen a un público más amplio de otros sectores. Además, es necesario para entender las nuevas formas en las que el cine es vivido en Bogotá, las características económicas y las múltiples identidades del consumidor que este pretende satisfacer.

 

Las dinámicas urbanas y el cine, parecen aún mantener una estrecha relación. Los factores económico, cultural y social son innegables, y se presentan como una temática que merece ser expandida, revisada y actualizada.

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