¿Fariñez no es venezolano?


Desde que la crisis en Venezuela se agudizó, el fenómeno migratorio pasó a ser masivo. Una enorme cantidad de venezolanos emigró a tierras colombianas en busca de mejores oportunidades, de trabajo y comida. En general, de una forma más viable para subsistir, para que la barriga no duela al final del día.

Ante estos casos de inmigración, una gran parte de la población colombiana ha respondido, tristemente, con un odio irracional, una resistencia a la entrada de venezolanos a nuestro territorio, bajo los argumentos más viejos sobre los que suele recaer la xenofobia: “¡Nos van a quitar nuestros trabajos!”, “Sólo traen problemas”, “Colombia para los colombianos”, tal vez simplemente porque es más fácil echarle la culpa a otro. A pesar de lo débil argumentativamente que esta reacción parece, se esparció como fuego entre una Colombia falta de tolerancia y de información, como si nos defendiéramos de unos invasores bárbaros que vienen a saquear nuestros bienes y a robar nuestras mujeres, y no de gente que, a parte del acento, se parecen indistinguibles a nosotros y que además impulsados por la desesperación llegaron a un país, de por sí bastante problemático, para buscar un modo de subsistir.

Uno de esos venezolanos que terminó llegando a Colombia se llama Wuilker Fariñez, que entre actuaciones destacables como portero con la Selección sub-20 y de mayores de su país y reconocimientos con su club el Caracas FC, terminó emigrando a un equipo colombiano, y ahora se ha hecho un puesto debajo de los 3 palos de Millonarios FC. Que entre negocios y contrataciones podríamos ignorarlo como un caso de inmigración, pero que en últimas es un venezolano viniendo a Colombia, pues estas tierras escasas de oportunidades le ofrecen una mejor oportunidad.

Lo que, a mi parecer, hace del caso del guardameta oriundo de Caracas algo llamativo y destacable es el hecho de que la reacción de quienes saben de él y de su llegada ha carecido de nuestra calurosa y tradicional violencia e intolerancia. Cuando la noticia de su llegada a Millonarios se conoció, la reacción de la mayoría de los hinchas del equipo (y del resto de gente que sí tiene buen gusto) fue de aprobación, e incluso en sus actuaciones esta temporada los casos de gestos xenofóbicos o de cantos que incitan al odio por parte de otras hinchadas ha sido nulo. De allí surge la duda sobre el origen de esta reacción, ¿es el fútbol? ¿es el nombre que se ha logrado hacer? ¿O es que Fariñez no es venezolano?

Sería natural señalar con el dedo la característica más llamativa del guardameta como el principal factor de la reacción que ha causado: es futbolista. Parece que lo que pasa en el fútbol, para muchos, está fuera de lo social, como si el fútbol fuera un evento que estuviera apartado de lugar y de tiempo, un espacio fuera de esta realidad, y si bien en un nivel se puede entender así, pues es cierto que el fútbol funciona principalmente como un entretenimiento que intenta abstenerse de participar de situaciones “serias”, negar la conexión que tiene el mundo de lo futbolístico con el mundo de lo social sería un gesto negligente, cercenador de realidad. ¿no me cree?, pregúntese alguna vez por qué los dos equipos de la capital tienen los colores de los que fueron los únicos dos partidos políticos del país por un buen tiempo, por qué el Real Madrid nunca ha tenido un delantero negro o por qué cuando el Rangers y el Celtic juegan su famoso Old Firm la violencia entre protestantes y católicos en Irlanda se acrecienta, y de estos casos hay cientos, si no miles. El fútbol no está, en ninguna circunstancia, desligado de las dinámicas sociales, sino más bien, es un campo muy peculiar en donde las mismas se expresan.

Pues si lo aparentemente natural no nos da respuesta pasemos a la segunda hipótesis: es el éxito el factor clave en la reacción frente a la llegada de Fariñez a nuestro país. Parece ser este el camino más probable, ¿no?, un muchacho muy joven que ha tenido unas actuaciones destacables contra equipos de grande talla como la Selección argentina, la chilena e incluso la colombiana, ¿quién no estaría encantado de tenerlo en su equipo?, ¿por qué no recibir a alguien que nos va a colaborar? Si ese es el caso yo me sentiría bastante confundido, y me explico; cuántos médicos no habrán emigrado, cuántos profesores, cuántos académicos, cuántos pensadores, escritores, artistas e incluso futbolistas han llegado a este país en busca de trabajo ¿Por qué a ellos se les cierran las puertas? ¿por qué si muestran una hoja de vida serán rechazados o se les ofrecerá la mitad del salario que al resto?

Ha sido el éxito (deportiva y económicamente) lo que ha mantenido a Fariñez exento de nuestra tradicional intolerancia, pero ha sido el éxito en el fútbol, específicamente, porque es este campo el que le ha brindado mayor visibilidad. Son el fútbol y el éxito dos factores complementarios en este caso, es decir:

Pensemos así, Fariñez podría ser tan exitoso como quisiera, tener dinero, una casa linda en Rosales, una esposa de porcelana y un carro que ruge cuando acelera, pero su acento le ganaría comentarios en la calle, y seguramente una que otra vez le cederían una romántica requisa (con las que me he familiarizado, curiosamente), pero el hecho de que lo veamos en la tele vistiendo esa camisa azul, haciendo buenas actuaciones tras buenas actuaciones y sonando aquí y allá en la prensa lo blinda de esta clase de discriminación: a un rostro reconocido nos da más pena putearlo por la calle. Y viceversa, si usted no ha tenido la grata experiencia de ir al estadio, pronto se dará cuenta que, en las barras populares, bueno, en la hinchada en general, el respeto hacía el rival parece ser el concepto más ignorado de todos, puteadas vuelan, un comentario racista por aquí, un comentario homofóbico por allá. Pero ha sido el hecho de que Fariñez ha demostrado un gran nivel, que no hace cizaña (raro, porque eso no le falta a los jugadores de nuestra liga), no quema tiempo, no provoca a la hinchada ni a otros jugadores, y es imponente bajo los tres palos lo que le ha ganado un cariño embajador y un silencio como prueba de respeto por parte de otros hinchas.

Y si, en últimas esto hace que Fariñez no parezca venezolano, al menos no ha nuestros ojos, parece que él no merece insultos, parece que él no nos roba nuestros empleos, ni que represente problemas. Su éxito como futbolista se ha convertido en un escudo frente a una cruda realidad que viven la mayoría de los venezolanos en tierras criollombianas.

¿No sería nuestro trabajo entonces darle más visibilidad a la gente que llega? Demostrar que la mayoría de ellos no son sólo ‘venecos’ que vienen a robar, son médicos, son profesores, son artistas, son mentes y son personas que no merecen ser ofendidas sólo por su nacionalidad, ni pordebajeadas por su acento, ni humilladas por su hambre

¿En vez de creer que Fariñez no es venezolano, no deberíamos creer que los venezolanos son como Fariñez?

#Colombia #Migración #BienvenidoChamo #Venezuela #Sociología #Fútbol #Fariñez #Crisis

Entrada destacada
Nube de etiquetas
No hay tags aún.
  • Grey Facebook Icon
  • Grey Google+ Icon

La revista El Marginal está bajo la dirección de los estudiantes de Sociología de  la Universidad Externado de Colombia. La universidad no tiene ninguna responsabilidad por los contenidos aquí publicados.