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La revista El Marginal está bajo la dirección de los estudiantes de Sociología de  la Universidad Externado de Colombia. La universidad no tiene ninguna responsabilidad por los contenidos aquí publicados. 

Elogio a la sospecha

 

Para ser absolutamente franco, en la construcción de mi tesis de pregrado, el motor más grande que ha conducido mi camino a proponer algo nuevo en el ámbito científico ha sido la sospecha. Desgraciadamente, considero, la sospecha no tiene el peso relevante que merece. La fuerte tendencia de  aferrarse a los aspectos más concretos, serios y cerrados de la realidad le da un espacio de valides muy corto a sus antónimos que proponen crítica e incertidumbre. Por eso, la sospecha, entre otros, ha sufrido de cierto desprecio o rechazo obviando la enorme riqueza que en su contenido existe. Algunos autores han hecho escritos elogiando algo que se ha dejado de lado para resaltar sus olvidadas virtudes; ahora, yo pretendo realizar el mismo ejercicio con aquella que hoy me lo suplica. Quiero, pues, resarcir a la sospecha la cual me ha acompañado durante casi un año de investigación, compartiendo un poco de lo que ella me ha dado y de la fuente tan poderosa que es para la ciencia.

 

Es ampliamente famoso un tridente de intelectuales conocido como los autores de la sospecha. Nietzsche, Marx y Freud son a quienes se le adscribe dentro de ese círculo. Es casi que indudable el gigantesco aporte que estos pensadores; a través de su trabajo, aportaron al pensamiento intelectual y crítico. Su nombre, considero, viene de que su más grande impulso  provino de ir en contra de la corriente establecida. Eso se podría interpretar como la mera critica, Nietzsche criticando los aspectos morales y culturales, Freud el elemento sexual, inconciente y onírico del hombre; y Marx, por su parte, haciendo una fuerte crítica a la economía política de la sociedad moderna. Además de la crítica, estos autores tienen un grueso en común. La sospecha. Sus investigaciones, sostengo, no nacieron de una duda, necesariamente debieron emerger de una sospecha. Fue esta quien permitió un proceso investigativo especial y nos regaló a toda la humanidad una serie de disertaciones hoy día polémicas y debatibles, pero sobre todo, vigentes.

 

Recuerdo hace un escaso tiempo, un profesor dijo rápidamente, “eso no es una duda, eso es una sospecha” haciendo referencia a una angustia propia de la pretensión científica. Hasta ahora logro entender la dimensión de esas palabras. La motivación más grande que se tiene al investigar no es un problema, sino un desacierto, algo que en la realidad no concuerda; un hecho que no se puede entender o cuya explicación no es absolutamente satisfactoria. Por allá Popper afirmaba algo parecido. Pero el desacierto no es en sí mismo, existe algo que le hace ser y le da importancia. Una duda se formula fácilmente, y de la misma forma se expresa. Ella puede generar interés o llamar la atención, pero por costumbre, la duda va acompañada de la respuesta. Pregunta y respuesta van de la mano a pasear, son inseparables. Por eso la duda no es crítica, es a mi parecer, es una leve dilatación que permite un pequeño espacio para la dubitatividad, pero como dije, por costumbre se desvanece junto a su compañera la respuesta.

 

Por eso, ¿es de día? Es una pregunta, no una sospecha. Tristemente uno ve que en algunos proyectos de “investigación” se exige una pregunta problema… haciendo alusión a que una pregunta es la fuente principal por la cual se hace dicha investigación. Pero si se observa detenidamente, el momento en que el investigador ha formulado su pregunta problema simultáneamente tambein tiene un campo de respuesta. La pregunta es cerrada casi que por definición. Por eso la pregunta o la duda no tiene el peso suficiente para generar crítica o algo más importante. ¿Qué se puede esperar de investigaciones solo impulsadas por meras preguntas? Las dudas son para el colegio, las preguntas para la casa, ¡ay! pero la sospecha, ella está diseñada para la vida.

 

La sospecha, por lo menos para mí, genera un cierto desconcierto que sí o sí genera una reacción. En mi caso, o experiencia si se quiere, cuando encuentro algo que “no encaja” o “no cuadra”, no es algo se me tome a la ligera y que sea pasajero. Obviamente hay cosas que uno no sabe y ser consciente de eso no genera una necesidad de querer conocerlo; no hablo de esos casos que pululan en la cotidianidad, hablo de los casos en los que sucede un acontecimiento de preocupación donde hay un poco de todo, una mezcla de varios sentimientos. Puede haber curiosidad, suposición, interés, necesidad y angustia, es más llamativo que una duda. Uno posee cierta estructura de pensamiento y un sistema de conocimiento mediante el cual comprende y entiende los sucesos, pero siempre hay casos que desafían esos conocimientos que uno tiene, y hay unos casos que los desafían más que otros. Yo hablo de los casos en que le generan a uno una preocupación tan grande, que para que me entiendan, osadamente lo asociare con la angustia existencial. Quienes crean que la han tenido alguna vez, esta angustia no es solo un sentimiento, esta es tan poderosa que casi que lo obliga a uno a concentrar todo su pensamiento en dicha preocupación. Lo lleva a un vaivén que lo aleja de lo estático y lo concreto, lo lleva a uno a un plano completamente dinámico.

Esa angustia es tan profunda que ninguna cosa que uno sepa la puede solucionar, por tanto, pone en tela de juicio casi todo lo que uno sabe o conoce. Por tal motivo, se convierte en una necesidad darle respuesta a eso. Lo interesante es que eso ¡no tiene respuesta!, por lo menos no inmediatamente. Uno pone toda la energía mental e intelectual al servicio de encontrarle un sentido a esa preocupación. Dicha angustia es grandiosa, las anteriores características acá descritas parecen ser aspectos negativos que lo conducen a uno a un limbo o a un callejón sin salida, pero en realidad es una experiencia muy especial. Hay que expulsar todos esos sentimientos negativos y disfrutar el ser consciente que hay cosas que no tienen solución y que depende de uno ofrecer una posible salida. Más que un callejón de salida sería un laberinto, una aventura.

 

Salida una vez de esa angustia (pues uno no puede estar en ese estado toda la vida) llega la sospecha, por lo menos en su presentación más notable. Al proponerse explicar ese fenómeno que se sale del conocimiento no nos encontramos con dudas sobre ese, sino con sospechas. La sospecha es mucho más profunda que una duda. La duda va a un punto directo, cosa que la sospecha no acostumbra. La sospecha te hace pensar que hay algo detrás, algo subyacente que puede dar cuenta de cómo el fenómeno aparezca. La sospecha obliga a pensar en la multiplicidad de factores que hay entorno a una cosa. Por eso, bien usado es que alguien diga que tiene la sospecha de que… pues existe una duda, sobre la cual hay ciertos indicios que lo hacen pensarse una posible respuesta, pero, al mismo tiempo, sabe que esa posibilidad puede ser insuficiente en cuanto a fuente explicativa. La insuficiencia pues, lejos de acabar el asunto, lo que hace es alargarlo; lo motiva a uno  a seguir buscando o indagando, a fin de cuentas a moverse. He ahí la riqueza que nos da la sospecha.

 

También, en un caso judicial, se presenta una lista de sospechosos. El sospecho se encuentra en una condición diferente al de un no sospechoso. La sospecha acerca a unos y  aleja a otros. Cuando se afirma que alguien es sospecho de cometer un delito, es porque se conoce que hay cierta relación entre el personaje y el delito, debe existir algo que los una o vincule. La sospecha no da respuestas, lo que da son sugerencias; desecha unas cosas, pues después habla de otras. Es posible vislumbrar la enrome diferencia que existe entre la duda y la sospecha. A modo de sensación, la duda está ubicada siempre en cierto ámbito de respuesta, casi que es contraria a su naturaleza de no conocimiento. En cambio, la sospecha indica que hay un precedente, hay indicadores; pero además, hay sentimientos encontrados y angustia, sentimiento humano que motiva a seguir una búsqueda. La sospecha es, entonces, mucho más interesante que una mera duda.

 

Por eso la sospecha me ha acompañado en la construcción de mi tesis, yo parto de algunos conocimientos, pero creo que hay cosas o elementos profundos  que contienen un riqueza mayor y que podrían explicar muchas más cosas. Por eso, el fetichismo de la mercancía y su relación con las redes sociales, es un producto de meras sospechas, sospechas que aun hoy no he resuelto pero motivan a indagar siempre, estar en constante movimiento. Esto me hace recordar algo sobre la utopía. Galeano narraba una anécdota que le sucedió una vez en una conferencia con Fernando Aguirre un compañero suyo. Un participante del evento le preguntó a su amigo sobre la  utilidad de la utopía, complicada pregunta ¿no? Pero la respuesta de él fue estupenda, más o menos la recuerdo así:

“La utopía es muy difícil, muy distante, cada vez que me acerco un paso, ella se aleja otro; siempre está igual o más distante ella de mí; y sigo dando un paso y ella se aleja otro, pero precisamente para eso es la utopía… para caminar.”[1]

 

Si para ellos esa es la utopía, para mí lo es la sospecha. Es el motor que me inspira seguir un camino difícil y escolloso, la sospecha se pone en tela de juicio a ella misma, eso es lo más valiente que algo puede ser. De nada sirve uno estar absolutamente seguro de algo si no le inyecta contantemente algo de sospecha.

 

Por eso, estoy agradecido hoy y mañana de que la sospecha me acompañe en cada propuesta o construcción teórica que proponga en mi carrera, así habrán mas Nietzsche, mas Marx y más Freud en la ciencia y menos Comte que se crean conocedores   naturales. La sospecha mantendrá la crítica latente, hasta frente a Dios. La sospecha siempre hará el camino más largo y más difícil, le obligara a uno a retroceder para ligeramente tener algo claro, pero lo importante es que no da las cosas por sentado, hace el atrevimiento más valido que existe, y es siempre retornar para seguir.

Por eso, y aunque apenas estoy iniciando mi carrera como científico, les aconsejo siempre, en todo aspecto de la vida, incluir e ir acompañados, de la mano siempre, de la sospecha y que la realidad sea la misma sospecha. Solo eso tenía por decir.

 

 

 

[1] Tomado de: https://www.youtube.com/watch?v=GaRpIBj5xho

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