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La revista El Marginal está bajo la dirección de los estudiantes de Sociología de  la Universidad Externado de Colombia. La universidad no tiene ninguna responsabilidad por los contenidos aquí publicados. 

“El ser indigno”

October 16, 2017

 

Siento a la humanidad sucia. Las irreversibles quietudes de las personas caminar sin ninguna conciencia sobre la existencia. Solo cuestionando su alegoría existencial, derrocha su único poder, el de razonar con vehemencia, sumergidos en las felicidades falsas, a los dioses y a las creatividades baratas, repiten lo que otros ya han dicho. Siento a una humanidad barata, indignamente ignorante de las realidades más carentes del ser humano, como el de tirar las basuras al agua y desechar lo que perdura para siempre. Se han sentado en la silla de los dioses y como herederos del espejismo de una eternidad ilusoria suprimen el respeto a las otras formas de vida. La misma cultura, como la madre superiora del castigo, en silencio guía en los malos pasos al “ser indigno”. No le enseña a conocer, le enseña a sobrevivir, no le enseña, al ser indigno, a sentir. Les mutila toda capacidad de ser independiente. En las zozobras, mientras diez hombres se sientan en el trono del poder a cenar la media mitad de los platos de la humanidad, otros se pelean por las migajas que han sido arrojados de aquella única mesa de los ricos. 

 

En la ceguera marcha el ser indigno, cree saber lo que hace, pero cuánto daño le hace a la pobre alfombra negra que alimenta a los seres verdes, y que es la única fuente que saben comer del sol. El ser indigno, que ni siquiera sabe vivir solo, piensa vivir sin aquellos seres perfectos. La locura está por doquier, una piedra cuesta más que un almuerzo, una bala que mata a otras formas de vidas, es el tesoro de muchos siglos, la diablura ha eclosionado en el espíritu del ser. El topo que escarba y escarba en las paredes de cementos no tiene salida, terminará siendo exhumado en su propia cárcel que él mismo se ha construido, que con su espalda esclava y su barriga hinchada no volverá a pisar la tierra que alguna vez salió de ella. Los otros hermanos, los seres cuadrúpedos se irán, se irán para siempre. El talante atardecer, con aires embarrados y color moho despertará al ser indigno en sus días más tristes, más tristes del universo entero. 

 

El ser indigno creyó ser el ser superior, porque la masa gris le dijo así, pero lo que no sabía es que los mismos árboles eran más sabios que su acto. Las emociones nunca fueron malas, de ellas amaneció una vez el “amor”, con el que se podía alcanzar la armonía universal, pero el ser indigno solo la usó para su especie y a su complacencia. Nunca amó a todas las formas de vida que la tierra parió con dolores eternos. El ser indigno creyendo que su ingenio podría armonizar destruyó todo lo que necesitaba, derrochó su energía en falsas esperanzas destruyó todo lo que necesitaba… derrochó su energía en las falsas esperanzas. Se consideró el ser hinchado y jorobado, que podría gobernar encima de los cementos y en elementos muertos. Los espíritus de todas las cosas huyeron de él, llorando se han ido al resto del universo. Decepcionados por el exterminio, otros seres indignos que mas amaban a la vida, se han marchado. Pero el ser indigno, el más indignos de todos, el que más corroe, calumniador y que usurpadors se ha quedado gobernando a estas tierras muertas. Los pocos que creían en 

ese hipócrita ser le han depositado sus ultimas ahorros, sus ultimas especies y energías. La incredulidad nunca se usaron para lo que realmente eran hechas y las dudas se han interpuesto entre los indigno. Al final, han aprendido a destruirse por cosas, desvalorizando la vida por objetos. 

 

La vida, que en su larga travesía, se ha encontrado con el dilema más grande, el de crear un cáncer para sí misma. La marcha de los valientes nunca fueron valientes y heroicos, todos fueron engañados por los poderes de las palabras, como estas que escribo para decirte que, estamos inmersos en la perdición. Mientras te sientas en la complacencia de la vida, otros mueren por tu propia causa y por mi causa. Los que pensamos, solo pensamos y no hacemos. Y cuando hacemos, ya es demasiado tarde. Somos los seres indignos, no hay que molestarse con la moralidad con que la religión aprendió a gobernar en muchos siglos, ahora, en medio de la perdición, debemos pensar, repensar, pero sobre todo, sentir más.

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